Uno de los conceptos que cuesta más asimilar cuando compramos una planta, es el de la necesidad de alimentarla regularmente. Y es por ello que hoy queremos hablaros de la importancia del abono: su comida.

Solemos pensar que con la tierra que tienen nuestras plantas y con un riego periódico, es más que suficiente. Y así es durante los primeros meses si hemos optado por comprar un saco de tierra nueva para trasplantarla.

Esta tierra lleva turba o fibra de coco, que son materiales esponjosos y permeables que sujetarán la planta y nos permitirán mantener la humedad. Algunos fabricantes añaden también perlita, esas bolitas blancas que parecen porexpan y que ayudan a hacer el sustrato más esponjoso.
Pero en la mezcla, también hay abono, que puede tener un origen orgánico (como los estiércoles animales, el compost, o el humus de lombriz), o bien inorgánicos, con sustancias de origen mineral producidos por la industria química o por la explotación de yacimientos naturales de fosfatos, potasa, etc.

Cuando abrimos un saco de sustrato nuevo, además de ese olor a tierra húmeda encontramos las bolitas de perlita, que son de color blanco, y algunos restos vegetales poco compostados como suelen ser cortezas o pequeñas ramitas.

Pero aunque no lo parezca, también hay abono. No lo acabamos de ver porque suele tener el mismo color que el resto de materiales. Es probable que venga de ahí la confusión de muchas personas que, como no lo ven, no lo consideran necesario para la alimentación de las plantas.

Porqué son importantes los nutrientes

La verdadera alimentación de las plantas se da mayoritariamente en las hojas, mediante la fotosíntesis. Las raíces absorben los nutrientes de la tierra con el agua de riego, para llevarlos hasta las hojas. Y es allí donde esos nutrientes se convierten en el alimento real de las plantas, que las hará crecer más, crear más hojas, dar flores (que en el huerto) se convertirán en frutos y semillas. En definitiva, a desarrollarse correctamente.

Si la planta no encuentra los nutrientes necesarios, empezarán a presentar carencias, a tener peor aspecto y a no dar flores.
De ahí, la necesidad de fertilizar con regularidad, que no es otra cosa, que darles de comer.

¿Qué abono elijo para mis plantas?

Cada planta requiere un abonado específico, y es un error pensar que todas se alimentan por igual. Por ello existen abonos especialmente formulados para cítricos, tomates, cactus, bonsais, césped y orquídeas. En el fondo, los componentes son los mismos pero la formulación varía en cuanto a los porcentajes de nutrientes y la periodicidad recomendada de aplicación.

Los formatos son muy variados para que elijas el que te resulte más cómodo:

  • Líquidos: muy fáciles de disolver en el agua de la regadera.
  • Bastoncillos: se clavan en la tierra y se irán diluyendo cada vez que riegues.
  • Bolitas, pellets o granulado: se esparcen sobre el sustrato o se entierran ligeramente en él.
  • Polvo: se mezcla con la capa superior de la tierra.

Lo que sí debe quedar claro es que es tan importante abonar como regar con regularidad. Si no lo hacemos, la tierra en la que las estamos cultivando, se convierte sólo en un lugar que aguanta la planta pero que no la alimenta.
Este es el secreto de ese balcón lleno de flores que envidiamos secretamente, o el motivo por el que algunas plantas han muerto o se han puesto feas al poco de tenerlas en casa. 

Claro que puede haber sido por otros motivos, pero si sólo las estabas regando, piensa en que les estabas dando sólo de beber, y que olvidaste darles de comer.

Autor

Ester es la autora de PicaronaBlog. Hortelana autodidacta, imparte talleres de huerto urbano, colabora en medios especializados y en 2014 publicó su primer manual de iniciación: "Hortelanos de ciudad".

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