Las plantas carnívoras son realmente fascinantes. Originarias de lugares con suelos pobres, la naturaleza y la evolución les ha permitido desarrollar una manera poco común para conseguir los nutrientes que necesitan. Y es que no solo pueden capturar insectos, sino también pequeños anfibios, gusanos y peces.

Cómo cuidar de nuestra planta carnívora

El secreto para que una nueva planta se adapte sin problemas a nuestro hogar, pasa por reproducir las condiciones de su hábitat natural. Esto es especialmente importante en el caso de las carnívoras, empezando por la tentación de alimentar a nuestra planta con algún tipo de insecto muerto como veremos más adelante.

La aclimatación

Aunque son plantas de exterior cuando se encuentran en plena naturaleza, las que compramos suelen provenir de viveros donde las han cultivado en interior. Les han ofrecido una humedad ambiental elevada y han controlado la cantidad de luz solar que han recibido.

Por ello, una vez en casa es recomendable situarlas cerca de la ventana más luminosa que tengamos, e ir acostumbrándola a recibir sol directo de manera gradual.

La maceta

La mayoría de carnívoras estarán más cómodas en macetas de plástico que nos permitirá mantener su grado de humedad más fácilmente.

No es imprescindible trasplantarlas de manera inmediata. Es mejor priorizar su aclimatación, y trasplantarla más adelante si es necesario.

El sustrato

Como decíamos al principio, la mayoría de carnívoras proceden de hábitats con suelos pobres en nutrientes. Y si utilizamos un sustrato universal rico en nutrientes, podríamos provocarles la muerte.

Por este preciso motivo, no utilizaremos abono en nuestras carnívoras.

En el momento de realizar el trasplante, es recomendable humedecer la mezcla utilizando agua destilada y comprobar que no se apelmaza en exceso. El sustrato de las carnívoras debe ser esponjoso y poco compacto para que las raíces puedan respirar.

El riego

La mejor manera de regar las carnívoras es poniendo un platito debajo de la maceta, dejando que el sustrato absorba el agua necesaria. Podemos añadir un poco más si vemos que la ha absorbido toda, pero no dejarla permanentemente sobre un plato lleno de agua. Eso provocaría que las raíces se pudrieran, y con ellas, nuestra planta.

El tipo de agua también es importante: deberíamos utilizar siempre agua destilada, de lluvia o la embotellada de mineralización más débil posible.

Las tres carnívoras más habituales

Drosera o rocío del sol

Su característica más llamativa son los pelillos rojos que crecen a los largo de los tentáculos y que parecen almacenar agua en la punta. Es esta sustancia pegajosa llamada mucílago la que les permite atrapar insectos.

Cuando su víctima se posa sobre ellos, los pelillos la abrazan para capturarla y en determinadas especies, es toda la hoja la que se curva sobre ellos.

Agradecerán una ubicación a pleno sol pero evitando las horas centrales del día. A las Droseras les gusta una elevada humedad ambiental, que podemos facilitarle pulverizándolas a diario o cultivándolas en un terrario. El sustrato debería estar húmedo permanentemente y evitar temperaturas inferiores a 10º durante el invierno.

Venus atrapamoscas (Dionea muscipula)

Quizá sea la más sorprendente de todas, con esas bocas enormes que se cierran para cazar. Os contábamos al principio que debemos evitar alimentar a las carnívoras con insectos muertos, y esto es especialmente importante en las Dioneas. La activación de sus trampas supone un importante desgaste energético y su digestión se inicia al notar el movimiento de la presa atrapada.

Se adapta muy bien a ubicaciones a pleno sol siempre que la aclimatemos poco a poco. Si durante el proceso la mantenemos sobre un plato con agua, nos lo agradecerá.

Las trampas de las Dioneas se van formando continuamente, ya que después de haberse alimentado cinco o seis veces, suelen morir. Se recomienda cortar las trampas muertas para evitar la aparición de hongos.

Nepenthes

A diferencia de las dos carnívoras anteriores, a las Nepenthes no les gusta el sol directo, que podría quemar sus hojas y sus trampas. Hay que prestar especial atención para aclimatarlas, incrementando muy lentamente su exposición solar.

Agradecen una humedad ambiental muy elevada, por lo que deberían ser pulverizadas varias veces a lo largo del día.

¿Te has atrevido con las carnívoras en alguna ocasión? ¿Qué tal fue la experiencia? Nos gustará leerlo en los comentarios.

Autor

Ester es la autora de PicaronaBlog. Hortelana autodidacta, imparte talleres de huerto urbano, colabora en medios especializados y en 2014 publicó su primer manual de iniciación: "Hortelanos de ciudad".

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