Las zarzas, cuyo nombre científico es «Rubus», se presentan en muchas variedades, de las cuales, el frambueso y la zarzamora son las más comunes. Sin embargo, en este artículo verás que hay otros tipos que proliferan a gran velocidad pero siguiendo nuestros consejos conseguirás tratar las zarzas para evitar que sigan invadiendo tu jardín.

Si alguna vez has puesto una planta de la especie de las «Rubus» en el jardín, ya habrás podido ver que son prácticamente indestructibles. ¿A quién no le ha pasado que ha plantado un frambueso y, cuando se ha querido dar cuenta, tiene el jardín totalmente invadido de frambuesos?

Son plantas que necesitan muy pocos cuidados y se conforman con cualquier tipo de suelo, por muy pobres que sean. Se desarrollan muy al principio de temporada y crecen de forma exponencial hasta octubre.

La base de las zarzas: todo un ecosistema

Hay que tener cuidado para no dejarnos desbordar por esta planta tan invasora, preservando la fauna y flora local que la rodea. Suele pasar que las zarzas se instalan en un jardín y terminan destruyendo su vegetación, lo cual puede causar muchos problemas al jardinero.

Sin embargo, son muchos los animales, como erizos, conejos y otros roedores, que encuentran en las zarzas un buen refugio para protegerse de los depredadores. Es también un lugar para vivir y en el que habitar, en el que muchos pájaros ponen sus nidos y se lo pasan en grande comiéndose los frutos. Digamos que funcionan como despensa de estos pequeños animales.

Limitar el desarrollo de la base

Se puede hacer de dos formas:

  • Puedes ponerlas en una maceta, si es de frutos comestibles, como la zarzamora o el frambueso. De esta forma, se limitará de forma significativa su tendencia invasiva. Pero asegúrate de mantenerla en buenas condiciones de desarrollo: riégalas con regularidad y dales el aporte de minerales necesario utilizando fertilizantes adecuados.
  • También puedes guiarlas con una malla o usando palos de bambú o cualquier otro sistema de tutorado. Y no te olvides de acodar las ramas que llegarán al suelo en plena estación.
  • Además, puedes dividirlas en otoño con una pala o una horca de jardín. De esta forma, lograrás reducir el número de plantas por metro cuadrado, conservarás la especie y podrás compartirla con tus vecinos.
  • O puedes usarlas como cubresuelos y podarla de forma periódica para que no te llegue hasta el cuello. Puedes añadir las ramas que cortes a tu compost para aprovechar toda la materia orgánica. ¡Pero asegúrate de que estén bien secas para que no vuelvan a echar raíces!
  • Si quieres aligerar un poco las zarzas, quita siempre las ramas más antiguas cortándolas a ras de suelo con una podadora, una sierra de podar o unas tijeras de podar.

Eliminar las zarzas silvestres

Vamos a hablar ahora de las zarzas silvestres. Esas zarzas con espinas, pero que también dan unos frutos jugosos y sagrados. En este caso, aconsejamos eliminarlas solo cuando sea necesario y estén dañando el resto de la vegetación.

  • Para eliminarlas, hay que retirar el sistema radicular en otoño con una pala. Haz un agujero de unos 40 x 40 cm y retira la tierra para destruir todas las raíces.
  • En temporada de crecimiento, si la base es pequeña, quita todos los brotes desde la raíz con una podadora. Si, por el contrario, la base es demasiado grande, utiliza una desbrozadora para tardar menos. Y no te olvides de tu propia seguridad. Asegúrate también de que no haya erizos escondidos: mejor evitar dramas antes de lanzarte a la acción.

La seguridad ante todo

No te olvides de la seguridad: las zarzas silvestres son muy espinosas y pueden ser peligrosas, no solo para los niños, sino también para los adultos. Utiliza guantes, botas y ropa resistente que te cubra y proteja de las espinas. Si te pinchas con alguna espina, asegúrate de tener la vacuna antitetánica al día.

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Zeprodortie
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